lunes, 19 de julio de 2010

Hi-ro-shi-ma

ELLA. — ... Y te encuentro a ti.
Te recuerdo.
¿Quién eres?
Me estás matando.
Eres mi vida.
¿Cómo iba yo a imaginarme que esta ciudad estuviera hecha a la medida del amor?
¿Cómo iba a imaginarme que estuvieras hecho a la medida de mi cuerpo mismo?
Me gustas. Qué acontecimiento. Me gustas.
Qué lentitud, de pronto.
Qué dulzura.
Tú no puedes saber.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Tengo tiempo de sobra.
Te lo ruego.
Devórame.
Defórmame hasta la fealdad.
¿Por qué no tú?

¿Por qué no tú, en esta ciudad y en esta noche tan semejante a las demás que se confunde con ellas? Te lo ruego...

(M. Duras)

viernes, 9 de julio de 2010

5 (-1)

Háganme caso: los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y el sitio donde nos tuvimos, un lugar que no existe.

(a partir de J. C. Mestre)