martes, 19 de agosto de 2025

Tiempo robado a la vida

Amé con demasiado ardor... Pero no encendí yo en mi corazón esta infausta llama. La creó una fuerza más poderosa que yo. Me fue preciso obedecerla.

Levántate, celestial mujer. A ti te corresponde mi defensa: a ti que no te ofendiste de mi pasión.

¿Y sabe alguno hasta qué punto debí alimentarla? He aquí el inmenso cuadro en que se ven descritos los desvaríos de los hombres. Los míos están también marcados aquí. Y bien: ¿qué dedo señalará la línea fuera de la cual no era permitido extenderme?

Sagrado es el alto y noble objeto de mi amor. ¿Lo habré profanado yo? ¡Padre! ¡Padre!, pronuncia tú con tus santos labios...

(T. Tasso)